Sergio no necesita un padre...

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Si nos atenemos a lo que dijo el lunes Calderón en El Larguero, Robinho se fue del Madrid porque iba llorando por las esquinas hasta convertir su traspaso al Manchester City "en una cuestión de humanidad". La suerte de tener futbolistas como Sergio Ramos es que sabes que jamás van a hacer apología del "ahí te quedas" y que su sueño desde niño es ser un icono del Madrid levantando la Copa de Europa. Como hizo su ídolo Pirri tras la final de Bruselas en 1966 derrotando al Partizán (2-1) de los padres de Mijatovic...
No me extraña que Pedja haya decidido afrontar desde el próximo lunes, al regreso de sus mini-vacaciones por Montenegro, la renovación vitalicia del que será una de las banderas de este club en la década que se avecina. El Madrid debe tener jugadores comprometidos y con orgullo, ganadores y encastados, humildes y generosos. Ramos reúne todas esas cualidades que ya personificaron en su día Pachín y Santamaría, Camacho y Benito, Hierro y Sanchís. Defensas con mayúsculas. Ramos sufrió un pequeño extravío en el arranque de la Eurocopa, pero supo reaccionar como un grande y mis ojitos le vieron borrar del mapa al zar Arshavin en la memorable semifinal de Viena. El chaval comete errores de juventud, como yo con 22 añitos, pero su corazón es noble y sus sentimientos blancos. Si queremos recuperar ese Madrid de Bernabéu que reapareció el día de la Supercopa (ese 9 contra 11 pasará a la posteridad), necesitamos tener más Sergios y menos Robinhos...



