Bolt corre en otra galaxia
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Hasta ayer sabíamos lo que Usain Bolt vale en los 200 metros: 19.30 segundos, que es el récord que estableció en Pekín tras correr la distancia sin la menor concesión. No sabíamos, en cambio, y seguimos sin saberlo, cuánto vale realmente en los 100 metros, después de que en los Juegos fijara el récord en 9.69 segundos, pero parándose. Pues después de verle correr ayer en Lausana los 200 metros ya tampoco sabemos en cuánto puede rebajar la marca. Bolt entró en la recta como un cohete, como si hubiera salido cinco metros antes que sus rivales, corría el cronómetro: 15 segundos, 16, 17, 18... iba a aparecer el 19 cuando comienza a frenar. En los últimos diez metros de carrera se dejó ir. Pese a ello, 19.63, su segunda mejor marca.
Bolt deja la impresión de que para él correr es un juego que realiza consigo mismo. Se sabe rápido y nota la necesidad de correr mucho, mucho, mucho... hasta que se para. Se para cuando mira las pantallas del estadio y ve tan lejos a sus rivales. Hasta entonces no sabe ni dónde están. Tampoco corre para ganarles, corre para divertirse. El resultado son unas carreras asombrosas que impiden saber dónde se encuentran los límites de este prodigioso hombre. Límites tan aún lejanos que Powell, en la carrera de su vida y a pesar de quedarse a tres centésimas del récord de 100, no se le vio rival para Bolt. Hay unas sensaciones tan distintas entre los dos que mientras uno es corredor terrícola, el otro ha llegado de la galaxia.




