Yo digo Pedro P. San Martín

La noche del clavo ardiendo

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La película se repite anualmente. Es como las uvas de Nochevieja. Ding-dong-ding-dong... se acerca la medianoche del 1 de septiembre y el mundillo del fútbol entra en ebullición como si se acabara el mundo. Se cierran fichajes desesperados, se pactan traspasos impensables, se tapan agujeros en los clubes que han sido menos previsores y la máquina del fax de la Liga profesional echa humo como una locomotora. Los clubes se agarran a un clavo ardiendo, aunque en estos tiempos de crisis no hay márgenes para el despilfarro. Es un verano de vacas flacas y de mucho movimiento de actores de reparto.

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El fax, digo, agota el papel por la fiebre del ficherío de última hora. Y es que este fútbol nuestro es así, cargado de improvisación, de ahogo, de entrenadores nerviosos, de presidentes con pánico, de agentes FIFA hocicando los últimos euros que se mueven en el mercado. El tira y afloja en las transaciones se apura hasta límites extraordinarios. Tanto que la Liga empezó hace dos días y todavía se podían hacer fichajes de jugadores. Una situación que no entenderé por más que me la expliquen. Así, digo otra vez, es de peculiar nuestro fútbol.

Anoche la emoción fue como la pedrea, muy repartida. El Betis dio la campanada con Sergio García, El Espanyol nos sorprendió con Finan y vuelve Luque a la Liga de la mano de un Málaga que pidió a gritos un fichaje en el Calderón. Entretanto, Madrid y Barça no dieron guerra. No saltó la chispa en el Bernabéu ni siquiera con la venta postrera de Robinho al City. El Madrid llamó a la puerta del Valencia, pero le dieron calabazas por Villa. No hubo bomba.

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