Sevilla, Celta, Cádiz y Córdoba

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El 31 de julio de 1995, la Liga de Fútbol Profesional (LFP) decidió descender al Sevilla y al Celta a Segunda B por incumplir unos trámites fundamentales (pero desconocidos para los aficionados) para formalizar su inscripción en la máxima categoría. Aquello provocó como efectos colaterales el regreso a Primera de los descendidos Albacete y Valladolid, cuyos puestos en Segunda, a su vez, eran para Leganés y Getafe, descendidos a Segunda B. ¡Se montó el lío! Media Sevilla se echó a la calle y en Vigo pasó tres cuartos de lo mismo. A la LFP se le creó un problema de los gordos porque el resto del fútbol español se solidarizó con sevillistas y vigueses. ¡Un papel erróneo no podía chafar el sueño de dos entidades y dos aficiones de prestigio y solera!
Hubo que llegar a una solución salomónica y popular. Liga de 22 en Primera. Sevilla y Celta salvados. Y beneficiados Albacete, Valladolid, Geta y Lega. Desde entonces, la Segunda es de 22. 13 años después, la historia se repite. Un error por mor de la farragosidad de los Reglamentos de jugadores podrían provocar que el Cádiz sea devuelto a Segunda. ¡Nunca en detrimento del Córdoba! Esta ciudad podría echarse a la calle por lo injusto de mandarle a Segunda B un día antes de empezar la Liga. ¿Y el Cádiz? Tiene razón y a eso no se le puede dar la espalda. Volvemos al verano de 1995. Una Liga de 23. No es lo mejor ni mucho menos, pero parece la única solución. Ahora bien. Cádiz y Córdoba merecen respeto, justicia y que nadie les pisotee. Nunca.



