Doctores en táctica y estrategia
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En los Juegos de Pekín hemos sacado una nota altísima en los deportes de equipo y una nota muy baja en los individuales. Pongo ejemplos: baloncesto, balonmano y hockey, medalla; en atletismo y natación -no cuento la sincronizada-, cero medallas con el agravante de que en la piscina sólo vimos a un español en las 34 finales que hubo. El éxito de los deportes de equipo no resulta extraño. Es consecuencia de un buen trabajo que viene de lejos. El baloncesto ha sido campeón del mundo y subcampeón europeo antes que subcampeón olímpico; el balonmano, campeón del mundo y subcampeón europeo antes que bronce en los Juegos; el hockey, campeón europeo y bronce mundial, antes que subcampeón olímpico.
En atletismo y natación tenemos medallas en campeonatos europeos, pero no son refrendadas en las citas universales. En atletismo, porque no somos capaces de hacer frente a los africanos; en natación, a los estadounidenses y australianos. En los deportes de equipo, sin embargo, nos medimos de tú a tú a los más grandes y eso son palabras mayores cuando de baloncesto se trata. Se me ocurre que una de las razones por las cuales en los deportes de equipo nos va tan bien y en los individuales no tanto, es que la táctica y la estrategia se inventaron precisamente para contrarrestar la superioridad del enemigo. Ahí, dados los resultados, debemos ser doctores. Pero para correr o nadar no hay táctica que valga. Siempre gana el más rápido.




