Somos 24 años mejores...

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En aquel verano de 1984, todos éramos más altos, más jóvenes y más fuertes. No olvidaré las madrugadas olímpicas en el pub El Molino de Herencia, que eran un hervidero humeante en torno a la primera pantalla grande de la época, en la que no había sitio para la alta definición y sí para esa nieblecilla que te hacía confundir el aro con las manos gigantes de Pat Ewing. Los colegas de mi generación nos enamoramos de aquella España del paisano Díaz Miguel. Y eso que firmamos resignados y felices la paliza de los americanos. Fue un fusilamiento (96-65), pero celebrábamos de pie cada canasta de Martín y Epi.
Por eso conviene valorar como se merece la hazaña del domingo en el Pabellón Wukesong de Pekín. Esta vez lo vimos en casa (cada oveja con su pareja), madrugamos con sigilo para no despertar a los peques y asistimos a los primeros dos cuartos con una prudencia que acabó siendo temeraria. A eso de las diez de la mañana el vecindario rugía, los niños ya se habían despertado asustados y cada canastón de Pau y de Rudy nos quitaba 24 años de encima. Nos olvidamos de los michelines y hasta desafiamos a la pantalla cuando Kobe Bryant se puso gallito. Desayunamos orgullosos, conscientes de que esta España ha crecido como nosotros. Pepe Sáez, gracias por ser valiente. Esta es tu obra.



