Se rompe una pata de la mesa
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El pasado 19 de abril, un Espanyol en cuesta abajo acabó empatando a cero en el Camp Nou. Albert Riera fue suplente para sorpresa de los ojeadores del Liverpool que viajaron exclusivamente a Barcelona para verle en acción y apostar fuerte por su fichaje. Esa noche de sábado, Albert dio el primer paso decidido en su cabeza para abandonar el Espanyol siguiera o no Ernesto Valverde en el banquillo. El final de Liga, el personal y del equipo en general, tampoco ayudó a que el Liverpool intensificara sus esfuerzos a toda prisa y más después de conocer que no jugaría la Eurocopa con España. Con Riera se marcha un zurdo de lujo, el primer goleador de Glasgow y un futbolista impaciente por triunfar. En definitiva, un jugador decisivo difícil de suplir.
Con su marcha se rompe una pata de la mesa en la que se ha sostenido este equipo en los dos últimos años. Ahora queda coja a la espera de que ese sustituto de "calidad similar", como dijo el presidente, llegue para ocupar su dorsal 11 en la camiseta. Se llama como se llame, el nuevo zurdo va a tener que espabilar pronto porque los resultados no esperan. Ni la grada tampoco. Tanto temor por las fugas es peligroso porque no sólo deja al club al pie de los caballos ante un mercado ávido de futbolistas baratos, sino que no ayuda a que los que se quedan mantengan el ánimo a tope. La única buena noticia de la semana es la continuidad de Luis García, refrendada nuevamente ayer por el presidente. Si no lo han vendido ahora no lo harán jamás. Mejor.



