Yo digo | Enrique Ojeda

A una hora para las dedicatorias

Enrique Ojeda
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Enhorabuena a Juan Carlos Pastor y a los suyos. Están donde querían y con expectativas serias de alcanzar la final. Es decir, con una hora buena frente a Islandia el vallisoletano podrá repartir cortes de manga por medio país. Dudo que lo haga porque es tan políticamente correcto que no es de los que recurran a la peineta como dedicatoria. Pero el caso es que la Selección con sus mataos de hace una semana, está en su tercera semifinal olímpica, y con un poco de suerte, a lo mejor a la tercera llega por fin a su primera final tras los bronces de Atlanta y Sydney.

El único disgusto es que volvemos a ser favoritos. Malo. Nos va mal. Pero es difícil ir de víctima ante un rival que no puede presumir de haber sido campeón de algo, tan sólo de tener a Olafur Stefansson. Hubiese sido mejor medirse con Alemania, la campeona del mundo, ya en casa porque coreanos e islandeses la mandaron de paseo. Los alemanes imponen pero de ganarles la gloria sería mayor, y la derrota se entendería. Y si estrujamos la competición, los teutones serían más asequibles porque si cayeron ante los vikingos será porque estos isleños son de agarrar. Esta reflexión sólo intenta incidir en el respeto que debe infundir cualquier semifinalista. Menos mal que en Pekín lo saben.

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