Yo digo Pedro P. San Martín

El Kun ha decretado el nuevo orden

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Sentencia firme en el fútbol olímpico: Ronaldinho no es el rey. Su dentuda sonrisa marketiniana cotiza a la baja, prisionero de una dejadez tan triste como evidente. Es un mago sin chistera, no de hoy sino desde hace tiempo. En Barcelona lo condenaron y en Pekín ha firmado su rendición atropellado por la evidencia: Agüero es la bandera del espectáculo y la eficacia. El 'Kun' y también Messi, son juventud, frescura, ánimo y hambre. Argentina ha utilizado un escenario global para decretar el nuevo orden. El foco gira definitivamente hacia el delantero del Atlético, un goleador capaz de enamorar por sus ocurrencias en el último metro. La semifinal de los Juegos se recordará como un drama para el orgullo de Brasil y para su tótem Ronaldinho, de lamentable apariencia vetusta. En Milán deberían estar preocupados.

Argentina se viene arriba, el Kun embelesa y Messi asombra. El equipo se sobrepone, incluso, al sombrío seleccionador Sergio Batista, un individuo capaz de meter en depresión a Agüero en la primera fase del torneo. Por suerte se impuso la razón del fútbol y, ahora, el pequeño diablo celeste le salvó el trasero el día 'D'. Moraleja: nunca hay que dar la espalda a los genios. Argentina es un país feliz saboreando la victoria en la gran batalla olímpica. En la distancia, el Atlético ha de ser un club orgulloso y puede presumir de crack. El Kun es de oro. Bye, bye, Ronaldinho.

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