Renovación fallida: sigue Lazaros

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El curso pasado fue una tortura, lo mires por donde lo mires. De tan triste conclusión pueden dar fe los 10.000 fieles que cada semana dan la cara en el coso de Vistalegre. Un Madrid que apuntaba a aspirante a ganar la Euroliga, terminó humillado (y eliminado) en Atenas y masacrado por el Unicaja de Scariolo en el primer playoff de la Liga ACB (2-0). Lo de ser los mejores de calle en la fase regular sólo sirvió para acrecentar la cara de tontos que se nos quedó cuando los malagueños dieron vacaciones anticipadas a los chicos de Joan Plaza, que también tiene su parte alicuota en la profunda decepción generada por su segundo proyecto.
Suelo ser optimista con mi Madrid de basket porque he crecido junto a esa generación de ganadores reales (y no virtuales) como fueron Walter, Brabender, Luyk, Corbalán, Fernando Martín, Rullán, Llorente, Biriukov, Romay, Itu, O Rei Petrovic, Jackson, Robinson, Sabonis o Arlauckas. Estos dos últimos ganaron en Zaragoza la última Copa de Europa (La Octava, 1995). Plaza, un entrenador con método y conocimiento, ha tenido mimbres sobrados para acercarnos a ese sueño europeo que cada año se convierte en una pesadilla de guión previsible. Este verano, el tándem Martín-Herreros se ha fajado bien en los despachos, sobre todo con Massey (ese tipo nos hará vibrar, aviso) y el regreso de mi tocayo croata (Marko Tomas). Pero sigue Papadopoulos. El que más cobra y el que peor juega. Un perdedor. No aportó nada a la causa. Una rémora...



