Calderón ha hecho de Ferguson

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La vida da muchas vueltas. Tantas, que ayer le tocó a Calderón hacer de Ferguson y a Robinho ponerse la piel de Cristiano. El brasileño tiene un comprensible ataque de desamor al sentirse durante todo el verano moneda de cambio del fichaje de nunca jamás, pero ha cometido la torpeza de utilizar las mismas balas de fogueo que frustraron la operación del crack portugués. Calderón le miró a los ojitos y se lo dejó muy claro: "No te vendemos al Chelsea". La cuestión es sencilla. Hay que acabar con esa moda antiética de que el jugador sufra un ataque de amnesia olvidándose de cuándo acaban sus contratos y elijan a la carta la hora de abandonar a esos clubes que le han estado pagando religiosamente.
Robinho se equivocará si mantiene su actitud de rebelde con o sin causa. En Londres acabará amargado en un fútbol muy físico donde sus 66 kilos y sus bicicletas se diluirán como un azucarillo en esas batallas apasionantes de los fines de semana en los campos embarrados de la Premier. Lo que debe hacer es olvidarse de Ribeiro, que actúa más como comisionista que como agente. ¿Acaso renunciará el tal Ribeiro a la comisión suculenta que le ha prometido Kenyon si Robinho se marchara al Chelsea? Calderón, como Ferguson, no transigirá. Robinho se queda, Robinho no se vende...



