Medallas de chocolate muy previsibles
Lamentamos el cuarto puesto de Contador; como también el de Elosegui el día anterior. Cuarto también se podría considerar, aunque no lo es, el de Leire Iglesias. Al combatir por el bronce y perder creemos que fue cuarta, pero como en judo hay dos bronces, la cuarta es quien lo pierde tras disputar las semifinales por el oro, y la quinta, quien lo pierde en la final de repesca, cuyo único premio es ese bronce compartido. Son clasificaciones frustrantes, pero en ningún caso para causarnos decepción.
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Tenemos que reconocer que en los Juegos no salen todas las posibilidades de medalla. En los Juegos la competencia es tan enorme que no se puede ir con la lección cogida con alfileres, es decir, sin ser claro favorito. Es así y ni tan siquiera Nadal, el baloncesto, Gemma Mengual, Cal, Paquillo o Gómez Noya tienen asegurada la medalla. Sólo Phelps puede hacerlo, por lo que se está viendo. Pero que Contador, Elosegui o Iglesias no suban al podio no es como para rasgarse las vestiduras. Entraba dentro de lo previsible.
Quizá Contador no tanto, pero el oro de Samuel Sánchez lo compensa sobradamente. En judo ya nos quedamos en blanco en los anteriores Juegos y en aguas bravas ya me dirán cuándo hemos pensado que íbamos a ganar algo. Así que hay que seguir esperando la actuación de nuestros pesos pesados y no lamentarse por las medallas de chocolate, que son para todos. En Atenas 04 tuvimos siete. Si hubieran sido de bronce nos hubiéramos despedido con 26 medallas. ¿Demasiadas, verdad? A veces también hacen justicia.




