Cuando la presión atenaza

Cuando la presión atenaza

Prácticamente de un día para otro, un centenar largo de deportistas españoles ha comenzado a verse en las páginas de los periódicos sólo por el hecho de ir a los Juegos. Son aquellos deportistas que por practicar especialidades minoritarias están poco acostumbrados a la popularidad. Reúnen méritos indudables para estar en Pekín, pero sus logros han pasado prácticamente desapercibidos a nivel nacional. Son deportistas que después de haberlos ignorado año tras año, nos disponemos ahora a exigirles medallas. Queremos muchas. Cuantas más mejor. Quiénes las consigan y en qué deporte será lo de menos. El caso es sumar un día y otro para estar arriba en el medallero y decir: ¡Qué buenos somos!

Será injusto, pero así es la presión. No será el caso de Nadal, de Contador, de Sastre, de Freire, de Deferr, de Cal, de Gemma Mengual, de Isabel Fernández, de Paquillo, de Marta Domínguez, de los equipos de baloncesto y balonmano, que ya saben lo que es ganar en condiciones de fuerte presión mediática, pero sí el de ese centenar largo de deportistas cuya actuación será anunciada a bombo y platillo por si cayera la medalla. Son deportistas que pasarán de competir en torneos donde el fracaso queda inadvertido a hacerlo en los Juegos donde todo un país está pendiente de lo que hagan. Sólo los más fuertes, aquellos que vencen la presión, salen adelante. Afortunadamente cada año son más. El efecto es contagioso.