Yo digo | Enrique Ojeda

La dama rebelde de la gimnasia

Enrique Ojeda
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Posiblemente Almudena Cid entrará en el libro del deporte español por la anécdota de ser la más longeva deportista de la rítmica mundial. Con la de Pekín, son cuatro citas olímpicas (dos novenos y un octavo puesto hasta ahora), y en una disciplina que entró en los Juegos en Los Ángeles 84 con veinteañeras, ella, que va camino de los treinta, es una dama admirada por sus rivales. Asegura que le cuesta irse de marcha con sus compañeras, porque, por años, está en otra onda. Lógico.

Pero lo realmente importante de esta alavesa de carácter no son sus puestos olímpicos (Carolina Pascual, plata; Maisa Lloret y Marta Cantón, los tienen mejores) y mantenerse en la élite catorce años, que también lo es, sino su resolución para plantarse ante la Federación y romper axiomas: quería decidir por sí misma, no estar sujeta a una entrenadora impuesta y confiar en su mentora, Iratxe Aurrekoetxea, a la que ha sido fiel desde sus inicios en Vitoria. La pionera en este cambio fue Montse Manzanares, pero aquel pulso no prosperó, mientras que Almudena ha demostrado que sin vivir eternamente concentrada en Madrid se puede perdurar, estar en la élite y ser feliz. Me alegro.

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