Nadie puede controlar al futbolista
Lo que Alex Ferguson querría es que hoy las portadas de los diarios deportivos salieran con el titular "Caso cerrado". Eso fue lo que anunció en Manchester a nuestro compañero Marco Ruiz (quien, por cierto, se atrevió con admirable compostura a hacer lo que nadie quiso hacer: preguntarle por Ronaldo). Y lo dijo mirándole a los ojos del enviado especial, dirigiéndose de ese modo entre arrogante y confiado a todos los madridistas.
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Alguien, posiblemente el representante Jorge Mendes, le había dicho a Ferguson antes de la conferencia de prensa que esta vez sí se iban a respetar las exigencias del club: después del concierto de Julio Iglesias de esta noche y tras pasar por Amsterdam mañana para que le vea el cirujano que le operó el pie, Ronaldo volverá a Manchester. Puede que lo haga el mismo jueves por la noche, según la hora de la visita médica, o el viernes. El caso es que tiene que estar en el campo de entrenamiento el viernes por la mañana para hablar cara a cara con el preparador escocés: cualquier desvío de esta agenda acordada con Mendes sería abiertamente una rebelión del futbolista.
Todo ello, las palabras de Ramón Calderón en la presentación de Van der Vaart, que sonaron pesimistas, y la insistencia en privado de Mendes de que no ve al futbolista en el Madrid este año (algo que ha dicho desde el primer día del culebrón) parecen echar un jarro de agua fría a la llegada del portugués. Pero nadie controla a Ronaldo. El futbolista ha sido el único que ha dirigido sus propios pasos este verano, ignorando a Mendes. Ya veremos qué pasa, pero la decisión última es únicamente suya, caiga quien caiga. Y no olviden que al Madrid le ha dicho que se quiere venir.




