Mi último gran héroe deportivo
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Cuando tenía once o doce años, yo soñaba con ser campeón del mundo de motocross. El primero español, nada menos. El paso del tiempo y la cruda evidencia de mi torpeza en las carreras me devolvió al planeta de la realidad, derivando esa pasión por el deporte hacia el periodismo. Y aquí estoy. No seré un grandísimo periodista, pero sí que estoy seguro que infinitamente mejor que piloto de motocross. En este largo proceso han pasado treinta años, yo no me convertí en el primer campeón mundial español... pero tampoco ningún otro. Es una de las pocas asignaturas pendientes que le queda a nuestro motor y ahora un chaval de Getafe parece más cerca que nunca de aprobarla. Jonathan Barragán puede convertirse así en mi último gran héroe.
Su tío Juanjo fue, junto a Toni Elías y Toni Arcarons, uno de mis ídolos de juventud. Le admiraba, entre otras cosas, porque se buscaba la vida en las carreras con los escasos medios que le permitía su extracción social humilde. Por eso me haría doblemente feliz que Jonathan hollara esa cumbre del título mundial de MX1, nada menos que la categoría reina de la especialidad. Primero porque será un éxito mayúsculo y segundo, porque supondría la culminación de tantos esfuerzos y sacrificios de una familia entregada a una pasión. La constancia, la ilusión, la dedicación y la abnegación pueden ser suficientes para superar los escollos de un deporte en el que el dinero llega a ser tan importante como el talento. Este año Alonso no va a ganar, pero si lo hace Barragán para mí será un consuelo...




