Cuatro a cuatro años del 92
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La verdad es que cuatro medallas a falta de cuatro años para organizar los Juegos de Barcelona eran muy pocas. Samaranch había dicho que si queríamos que nuestros Juegos fueran un éxito teníamos que ganar medallas y no sabíamos dónde iban a estar. En los Juegos de Seúl en 1988 las encontramos en natación, que no estaba mal, en vela, que ya contábamos con ella, en tenis, donde cogíamos el tren a tiempo pues acababa de ser deporte olímpico, y en tiro. Muy poca cosa. También se dejaba notar que se habían acabado los boicoteos y en los Juegos ya no faltaba nadie, por lo que las medallas comenzaban a estar de nuevo muy caras. De oro sólo tuvimos una, en vela, con José Luis Doreste en la clase finn.
Por cuarta vez consecutiva la vela no nos fallaba, y en Seúl aparecía otro deporte que ya nunca más faltaría en el podio: el tenis. Desde entonces, al contrario que la vela, que nos fallaría en Sidney, el tenis sería un seguro de medalla. En Seúl, Emilio Sánchez Vicario y Sergio Casal abrieron la cuenta en el doble; la natación cogió el relevo al atletismo y Sergio López fue quien hizo bronce en 200 braza. El cuadro de medallas lo completaría Guardiola en la modalidad de skeet en tiro. En aquel incipiente deporte olímpico español pre-Barcelona 92, la vela aparecía como el deporte más laureado, con cinco medallas, seguida del piragüismo con cuatro, y el atletismo, la natación, la hípica, el hockey, y el tiro con dos.




