El sueño de un adolescente

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Puedo hacerme una lejana idea de lo que sintieron muchos de los deportistas españoles que pisaron ayer por primera vez una Villa Olímpica. Recuerdo aquellos paseos de dos kilómetros que, a mediados de los 80, hacía junto a Antonio Navarro, quien luego se licenciaría en historia, desde el Barrio del Aeropuerto al Instituto de Bachillerato Alameda de Osuna. Los dos adolescentes nos contábamos nuestros sueños: queríamos ser periodistas deportivos y cubrir un Mundial de fútbol (la profesión me desvió a otros deportes), un Tour de Francia (de momento sumo doce) y, sobre todo, unos Juegos Olímpicos... En 2004 tuve el honor de ir como enviado especial de AS a Atenas. Las tres noches previas al viaje no pegué ojo. Y el 13 de agosto, el mismo día de mi 34 cumpleaños, presencié con la piel de gallina la ceremonia de inauguración.
Supongo que para cualquier deportista, esas emociones se multiplican. Los Juegos Olímpicos son la mayor fiesta universal. Estar allí ya es un premio a una trayectoria. Y subir a un podio debe ser ya la repera... Un sueño de muchos adolescentes.



