Caballero, deportista y amigo
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Es un día triste para el sportinguismo. José Manuel Fernández, o simplemente José Manuel, como le conocíamos todos, nos ha dejado. Era uno de los representantes más carismáticos de lo que simboliza el Sporting, colores que defendió como futbolista, ejecutivo, aficionado y comentarista. Y no me equivoco si digo que hasta como rival tenía una predilección para el club que lo acogió desde que tenía 16 años, aunque lo llevaba en el corazón desde que nació. José Manuel era un ejemplo de sportinguismo y de gijonesismo. Era un amante de los valores autóctonos de su ciudad. Sabía presumir de su Gijón, de su Sporting, de su barriada de El Llano, cuna de numerosos jugadores de la historia rojiblanca. Pero lo hacía con caballerosidad, con elegancia.
Como futbolista saboreó las mieles de dos ascensos y la amargura de un descenso y de una lesión que obligó a su retirada cuando tenía 32 años. Como gerente fue emprendedor y marcó un estilo. Ahí está una pinacoteca con un valor incalculado o su amistad que Garci, que tuvo parte de culpa de que el Sporting fuera oscarizado. Dejó un legado de su paso por el club, pero lo deja mayor como sportinguista y amigo. Se nos ha ido con una cena pendiente, con su amigos Carlinos, como llamaba a García Cuervo, en el bar del Nanu, como denominaba a Pepe Lavandera, quienes lo recuerdan como esa persona incapaz de tener una mala frase, siempre con la palabra de aliento en la boca y la sonrisa en los labios. Nos toca poner la lágrima, amigo Jose.




