Ya siempre en el medallero
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Hasta los Juegos de Múnich, aquellos que marcaron un antes y un después en materia de seguridad por el ataque terrorista al equipo israelí, nuestra aparición en el medallero era un tanto irregular y, desde luego, siempre escasa. Fue a partir de los Juegos de 1972 cuando ya no hemos vuelto a faltar en el medallero. Bien es verdad que al principio en las posiciones más bajas, pero después en progresión. De hecho, en los Juegos de Múnich fue la última vez que ganamos una sola medalla. Correspondió al boxeo, la primera de este deporte, y la conquistó un pequeño boxeador, Rodríguez Cal, del peso mini mosca y que alcanzó a su regreso gran notoriedad, sobre todo porque entonces en España el boxeo era un deporte en auge.
Llegaron los Juegos de Montreal, en 1976, y hubo dos medallas, en vela y piragüismo, con un gran significado. La de Gorostegui y Millet en vela, porque sería la primera de las once consecutivas que se ganarían en sucesivos Juegos, convirtiendo a España en una potencia olímpica en vela. La de K-4, porque uno de los tripulantes fue Herminio Menéndez, quien entre esa medalla y las dos que ganaría en los siguientes Juegos, se iba a convertir en el deportista español con más medallas olímpicas de la historia. Recalco EL deportista, porque después vendría LA deportista que le superaría en número. Para cuando Herminio Menéndez inició su cuenta, ella sólo tenía cuatro años, aunque ya hacía pinitos en su deporte.




