Máscaras, informes y renuncias

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Andreu Alfonso, director técnico de la Federación Española de Triatlón y responsable de que Gómez Noya y Raña sólo piensen en colgarse medallas, se encargó ya hace unos meses de hacerse con unas máscaras antipolución para sus atletas en Pekín. No cree que las utilicen, pero teme la psicosis de que vean a otros con ellas puestas y eso les genere dudas. "Es que yo no me creo las mediciones de los chinos -relataba hace poco este estudioso del deporte-. Los estadounidenses han estado allí con sus propios aparatos y los niveles de contaminación que registraron son superiores". Los triatletas españoles estuvieron compitiendo y entrenándose en la capital china y, cuando el esfuerzo era máximo, cuentan que escupían partículas negruzcas. Se masticaba la toxicidad. La combinación de calor, humedad y monóxido de carbono ha obligado a renunciar a un recordman mundial de maratón (asmático) como Gebreselassie.
Estos testimonios y estas denuncias indican que la polución será uno de los caballos de batalla durante los Juegos, aunque también es cierto que será igual para todos. Jacques Rogge, presidente el Comité Olímpico Internacional, ya avisó de la posibilidad de posponer pruebas si las condiciones no eran las adecuadas. La Comisión Médica del COI revisará diariamente la calidad del aire para evitar peligro a ciclistas, triatletas, maratonianos, marchadores... Todos los comités nacionales (incluido el Español con un informe de los doctores Esteban Gorostiaga y Ramón Olivé) han elaborado sus recetas para prevenir a los deportistas. Algunos han decidido retrasar su llegada y aclimatarse en Japón, Hong Kong o Corea de Sur, con los mismos parámetros de calor-humedad, pero menor nube tóxica. La calima que cubre Pekín (las arenas del cercano desierto del Gobi ayudan) dará mucho que hablar, me temo.



