El alemán cree en este grupo

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Hace doce meses, Schuster tenía de los nervios a Calderón y a Mijatovic. Un día pedía a Kaká, otro a Ballack, más adelante a Robben... El caso es que se le notaba desconfiado de la plantilla que había heredado de Capello y quería varios cinturones de seguridad. Falló lo de su compatriota, pero llegaron Pepe, Heinze y el ejército de tulipanes (Sneijder, Robben y Drenthe). Recuperó al mejor Raúl para la causa, elevó la autoestima de Robinho y de Gago, rescató de la depresión a Higuaín y construyó un Madrid firme, comprometido y ganador.
Por eso ahora da un muletazo en favor de su plantilla mientras Cristiano las exhibe en Los Angeles. Schuster, lógico, quiere al futuro Balón de Oro en sus filas. Pero si falla el tiro está encantado con el Plan B. Se quedaría Robinho (¡gran fichaje!) y llegarían Van der Vaart y hasta puede que Villa, el héroe de Innsbruck. Como me dicen mis amigos del restaurante Narizotas de Segovia: "Cuando baja la marea, se descubre quién nada sin bañador". A Schuster no le va a pillar este toro y por eso ha hecho lo más inteligente: defender a su gente. Los campeones.



