Nos vuelven a sacar los colores

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A Manuel Beltrán se le detectó EPO en la primera etapa. A Moisés Dueñas, en la cuarta. Si nos atenemos a la pura estadística, un titular podría ser: "España tiene un positivo cada dos días en el Tour". Estremecedor. El caso del Triki nos indignó, pero no nos sorprendió. A los 37 años, hay cosas que no tienen remedio. Lo de Dueñas es más preocupante, porque tiene 27 años y los ciclistas de su generación ya deberían haber entendido que el camino del dopaje sólo lleva a la destrucción propia y a la del ciclismo. Moisés es de Béjar, donde tenía (Laudelino Cubino al margen) dos espejos donde mirarse: Roberto Heras, retirado por un positivo, y Santi Blanco, un ex ciclista limpio. Dueñas optó por el lado oscuro y ha arruinado su carrera deportiva. Él sabrá.
Lo más lamentable es que no estamos ante dos positivos más de los muchos que nos ha deparado últimamente el ciclismo. El problema es que, a menos de un mes de los Juegos Olímpicos, nos vuelven a ver como un paraíso del dopaje. En su primera legislatura, Jaime Lissavetzky consiguió quitarnos esa etiqueta, que hemos recuperado en tiempo récord. Como en nuestros tiempos más tenebrosos, nuestros tramposos sólo son cazados en el extranjero. Francia, siempre pionera en esta batalla, nos vuelve a sacar los colores. Y este argumento no sirve sólo para el ciclismo: la Selección femenina de hockey hierba tuvo dos positivos en el Preolímpico, pero en España callamos sus identidades, miramos para otro lado y echamos la culpa a sabotajes y conspiraciones.



