El algodón casi nunca engaña

Noticias relacionadas
Aquella derrota ante el Oporto en las semifinales de la Champions de 2004 fue el final de un glorioso ciclo. Como todo Imperio (el Deportivo lo era entonces) la caída fue lenta pero inevitable. Irureta hizo las maletas y el emperador Lendoiro llamó al centurión Caparrós. Mano a mano pusieron en marcha la Tercera Lección: cantera y juventud. En un abrir y cerrar de ojos, los Cristian, Verdú, Arbeloa, Adrián o Filipe Luis... llenaron el vestuario de Abegondo y comenzaron a pelear por hacerse un hueco en Primera. Lendoiro se miraba en el Sevilla: fichar niños y vender figuras. El club se iba desprendiendo con jubilaciones y despidos de las altas fichas de los tiempos de gloria (Makaay, Fran, Mauro, Tristán, Andrade...) para que las arcas aguantasen el tirón.
La famosa lección vivió en la temporada 06-07 su primera revalida seria. El equipo se fue en Navidades con el miedo en el cuerpo, y al regreso, Caparrós tiró de veteranos para sacar a flote el barco. El utrerano emigró a Bilbao y fue el turno para Lotina. Esta vez el miedo se convirtió en terror al oler de cerca la Segunda. Los cinco centrales, y de nuevo los veteranos, lograron revertir la caída y acabar la Liga de forma brillante en la Intertoto. El fichaje de Wilhelmsson, 28 años, puso sobre la mesa lo que un futbolista curtido puede aportar. El mensaje, y el pánico vivido, caló hondo en la Plaza de Pontevedra: Omar Bravo, Mista, Aranzubia y Zé Castro. Ninguno de ellos tiene la titularidad asegurada, pero en el fútbol el algodón no engaña... casi nunca.



