Por los suelos 155 metros
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La imagen de Pedrosa estampado contra la colchoneta en el circuito alemán de Sachsenring es tremenda. Pero lo más tremendo es saber que la caída se había producido 155 metros antes. Pedrosa los recorrió en nueve segundos, primero sobre el asfalto, después sobre un mar de gravilla. Esto supone rodar por el suelo a una velocidad media de 62 kilómetros por hora, casi el doble de la velocidad a la que Bolt corre los 100 metros, mucho más que la velocidad a la que el balón viaja por el aire cuando Casillas le da un patadón hasta el campo contrario. Ir por el suelo tanta distancia, a tal velocidad y acabar con una fisura en un dedo de la mano, una capsulitis en otro y una distensión en un tobillo es volver a nacer.
La caída puso realmente a prueba todas las medidas de seguridad con las que corren los pilotos. El casco, las protecciones, el mono, la escapatoria, la colchoneta... Es de celebrar que ninguna fallara. Lo que es de lamentar son las constantes caídas que se producen cada vez que llueve. El asfalto mojado equivale a caída segura, pese a contar las motos con neumáticos de lluvia. Como éstos no garantizan la seguridad absoluta, son los propios pilotos quienes han de aumentar los márgenes. Obviamente, Lorenzo es de los que no lo hacen; Pedrosa, sí, pero ayer le pudo la ambición. A 260 por hora con lluvia, cualquier imprevisto tiene difícil rectificación. Y una vez en el suelo no hay manera de parar. Adiós carrera y adiós liderato.




