El respeto de los centrales
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Llorente ha dejado de ser ese futbolista blandito, apocado, el chollo para los marcadores con mil batallas y codazos que hay en la Liga. Me decía un rival en su día en la víspera de empezar un partido: ¿quién juega, Urzaiz o Llorente? Al primero le tenían pánico, los dos centrales estaban más pendientes de él que de la propia pelota. Prefería, claro, al segundo. El riojano era facilón en el área. No se colocaba bien al remate, desaprovechaba su cuerpo... Me lo encontré hace no mucho y le pregunté a ver si pensaba ahora lo mismo de Llorente. "Ha espabilado mucho, se le ve con hambre", me contestó.
Si explota al límite sus condiciones, el Athletic tiene ahí un delantero para hacer historia. Porque con Llorente metiendo miedo y Aduriz en buena línea, las defensas las pasarán canutas. Si él sueña con los pases de Iniesta o Cesc, yo también creo que puede tener surtidores de lujo aquí. Ahí están Yeste, Garmendia, Susaeta... Su debe está en el remate de cabeza, pero también tiene otro, ganar con más facilidad la espalda al defensa. Esa décima de segundo que siempre se adelanta Güiza permite a los futbolistas que no son excesivamente rápidos, convertirse en flechas. Y Fernando es de los que, de vez en cuando, se desenchufa de los partidos. Es lo que le ponía de los nervios a San Mamés. Eso ha cambiado con Caparrós. El riojano asume que no creyó del todo en sus posibilidades y ahora sí. Ojalá dentro de poco el problema del Athletic sea cómo retenerle, será señal de que ha nacido una estrella. Equipos ya le siguen muy de cerca.




