La genética y el gafe de Ballack...

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Llegó la hora de España. Ese momento que todos hemos esperado con incredulidad, convencidos de que jamás Agatha Lys (los de mi generación) o Scarlett Johansson (para los jóvenes de ahora) repararán en tu presencia ni para decirte "Buenas noches". Nos sentíamos perdedores genéticos, casi vocacionales. Hemos crecido con el gol de Katalinski, los fallos de Cardeñosa y Salinas, el penalti de Eloy, Al Gandhour y tantos ilustres de nuestra amplia Sala de los Horrores. Pero gracias a estos locos bajitos capitaneados por el mejor portero de todos los tiempos hemos dado el definitivo salto de calidad. Ya somos europeos con mayúsculas, tenemos ropa de diseño made in Spain, comemos dieta mediterránea y sana, sabemos diferenciar la paja del heno y, además, jugamos al fútbol como si nuestras camisetas fueras bordadas en las playas de Copacabana
Por eso es admirable que Beckenbauer envaine su espada y asuma de antemano que nuestra Selección juega que da gusto y que ése es el camino más directo hacia la gloria. Si juegas bien, tienes muchas posibilidades de derribar al enemigo. Si especulas, sólo serás grande por accidente (Italia, Grecia). Somos un referente y Alemania lo sabe. Además, Ballack es gafe en las finales y hoy, si juegam crecerá su maldición. Perdió la de 2002 ante el Madrid en Glasgow con el Leverkusen y hace un mes sucumbió ante el Manchester United de Cristiano en Moscú. Que sí, señores, que ha llegado la hora de España. ¡Podemos!



