La difícil relación Luis-Torres
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No es manía. No es la aversión del seleccionador hacia los jugadores del Real Madrid. Es, más bien, el síndrome del mecenas: pensar que el promocionado te pertenece. Aunque fue Cantarero quien hizo debutar a Torres, Luis lo entrenó en sus primeros años en el Atlético y es probable que entonces alimentara ese sentimiento de propiedad. Torres es su obra. Eso explicaría que Luis le siga tratando con la exigencia obsesiva que dedican ciertos padres a sus hijos. A diferencia del margen de favor que otorga a futbolistas como Marchena o Puyol, los errores de Torres no reciben confianza, sino castigo.
La consecuencia es que cuando Torres está en la Selección siente que a los ojos del entrenador continúa siendo un meritorio. En ese espacio no se reconoce su independencia, ni cuentan sus 31 goles con el Liverpool ni su rango internacional. Ni siquiera importan sus buenos partidos. Luis se empeña en darle lecciones para prevenir una arrogancia que no existe. No es manía. Es el desconcierto del sabio ante una predicción que no fue cómo esperaba. Que es mejor.



