El Depor no merece este divorcio

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Esta tarde el Pabellón de Riazor será una fiesta. Los flamantes campeones de Liga buscarán el doblete en casa, y arrancarán ante el Valencia a poco de más de cien metros de distancia de donde Djukic falló aquel fatídico penalti hace 14 años. A Coruña se volcará hoy con las filigranas de Fran, los malabarismos de Djalminha, la clase de José Ramón, la velocidad de Manjarín o las paradas de Songo'o. La afición disfruta con la calidad de estos cracks, pero vibra y se emociona por la camiseta que defienden, porque cada regate, cada pase, cada gol, es un recuerdo a un glorioso pasado.
Lendoiro, instalado en su oficina de Madrid, será el gran ausente. No dudo que es lo prioritario para el club, que hay mil y un frentes abiertos con Coloccini, Aouate... y un solo ejecutor válido (el presidente). Un día más, por decisión de Lendoiro, los veteranos no podrán competir con el escudo del Deportivo. Sin él en el pecho ganaron la Liga hace sólo tres semanas, y sin él pueden ganar mañana la Copa. Es una vergüenza. No es momento de culpabilidades, sí de soluciones. De tragarse orgullos y acabar con un divorcio que mancha los más de 100 años de historia de este club.



