Una victoria mucho más humana

Antes que nada, me van a permitir que pida disculpas a Alberto Contador por retomar el asunto del dopaje en estos días de fiesta. Dicho esto, quiero confesarles que la pregunta que más me han repetido los aficionados en la última semana es: "¿Contador va limpio?". La familia ciclista no debería indignarse por el enquistamiento de estas dudas en la opinión pública, porque, durante años, este deporte se ha ganado a pulso la desconfianza actual.
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No dispongo de datos para contestar a la pregunta, aunque sí puedo decir que en este Giro he percibido indicios de que algo está cambiando. Tengo la sensación de que estoy presenciando un ciclismo más humano, de que ya quedaron atrás esas máquinas infalibles programadas para ganar grandes vueltas. A Contador le hemos visto penando varios días, con la impotencia de no poder atacar en la montaña, que es lo que realmente le gusta. Sus rivales también han tenido debilidades. Di Luca dio una exhibición el viernes en Presolana y el sábado se hundió en el Mortirolo. Escaladores como Riccó sucumben en las cronos. Ahora me viene al recuerdo una charla con un contrarrelojista español, en la que se quejaba con amargura de la minutada que le había metido en esa especialidad un ilustre escalador. Salvo la exhibición del equipo CSF-Navigare con Sella, Pozzovivo y Baliani, en esta edición no hemos visto nada que se saliera de guión.
Sigue habiendo meteduras de pata, como las de Richeze y Astarloa, expulsados por sus equipos por presuntos coqueteos con el fraude, pero eso también significa que la lucha antidopaje va en serio. Y aunque todavía tengamos que soportar alguna declaración anacrónica de Manolo Saiz, el mismo que echó a perder un equipo por sus tratos con Eufemiano Fuentes, cada vez son menos los que nos recuerdan al pasado.



