La leyenda del Buitre continúa...

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Butragueño siempre fue un jugador diferente, sin denominación de origen, único en su especie, capaz de frenar el aliento de 100.000 almas que levitaban a su lado en las gradas del Bernabéu mientras el defensa rival iba a ser burlado con absoluta seguridad. Además, el Buitre fue un héroe para los chavales de mi generación, sacándonos con su magia de la depresión sufrida por el madridismo tras la final de París con el Liverpool. El Buitre añadió siempre un comportamiento angelical. Él solito ha sido una escuela de educación. Modales exquisitos, no sabe decir tacos, amable hasta para estornudar y atento y sensible hasta el fanatismo con su legión de fans. Por eso, existe un fenómeno sociológico en torno a su persona que se ilustra en esta página.
Butragueño tiene casi una veintena de peñas con su nombre repartidas por todo el mundo: España, Suiza, Bélgica y Siria. Coordinados en una Federación de Peñas que no tiene ningún otro veterano, el Buitre ha logrado movilizar a casi 2.000 fieles a la 'Iglesia Emiliana', cuyo único mandamiento es venerar la imagen de aquel pequeño de Narváez que cambió nuestras vidas. Te lo mereces, genio.



