Yo digo Guillem Balagué

Jugar con dos barajas, por Cristiano

Guillem Balagué
Redacción de AS
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No es por aguar la fiesta, pero ¿vieron a Cristiano Ronaldo celebrar solo la consecución del título europeo tras el fallo del penalti de Anelka? En el suelo, abrazado a su sombra, de repente el triunfo, la suerte, el alivio, la emoción eran sólo suyas. Poco después lo compartió todo con todos, incluido Alex Ferguson. Decía ayer Tomás Guasch que igual vale lo mismo un Ronaldo que un Hleb más un Huntelaar. Seguro que no para los hombres de marketing, pero es una ecuación futbolística válida. A Cristiano Ronaldo le falta todavía la humildad para entender que primero va un pase y luego un regate, primero es el compañero y segundo la cámara. Pero es un fenómeno que se siente capacitado para humillar al contrario si así lo desea.

Lo tiene casi todo, pues, pero le queda crecer un poco más. No se recuerda en memoria reciente que se hablara más de un jugador que de una final, pero el miércoles ocurrió algo así. Tras el encuentro el portugués, pese a la muy pública advertencia de Giggs en el césped para que no convirtiera el post-partido en el show de Ronaldo, volvió a ser el centro de todas las miradas. Fue el último en salir del vestuario y se paró con todos. A la BBC, le contó dos cosas opuestas. "Me quedo", afirmó delante de la cámara. "Ni a mi madre le prometo nada", le dijo al de la BBC Radio. Y entremedias la prensa española, a la que aseguró que "en una semana se decidía todo". Lo que me extraña es que el Madrid se deje utilizar en este obvio juego de Ronaldo para aumentar su sueldo.

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