Limpieza de nombres y de egos

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Mientras Agapito Iglesias programa por libre su refundación del Zaragoza y tiene a todo el mundo, dentro y fuera de la entidad, pendiente de sus decisiones -ojalá venga de verdad Víctor Muñoz como entrenador-, las llamadas de representantes, intermediarios y secretarios técnicos tienen estos días bloqueada la centralita del club. Todos quieren pescar en río revuelto, aprovecharse, en definitiva, de la debilidad del Zaragoza por su descenso a Segunda División para negociar a la baja y con ventaja. En el fútbol profesional es inevitable, porque el duelo por el prójimo no existe. Se guarda la compostura un par de días por respeto al muerto y luego se entra directamente a saco, sin ninguna contemplación, a Dios rogando pero con el mazo dando.
Hace seis años, en el penúltimo descenso, el Zaragoza no tenía a quien vender, pero ahora ya le han preguntado por un buen puñado de jugadores: Diego Milito, Oliveira, Sergio García, Zapater, Paredes, Óscar, Aimar, Ayala... La lista todavía se hará mayor, porque si algo le sobra al equipo son nombres. Nombres y egos desmedidos. Por eso en estos días de tanta frustración, uno tiene el convencimiento de que lo mejor sería limpiar rápidamente al noventa por ciento la plantilla, para erradicar cualquier signo de vedetismo y de irresponsabilidad, para partir de cero. Pero siempre es fácil hacer planes con el dinero de los demás. Quizá sea mejor esperar, aguantar el tipo cuanto se pueda y sacar la escoba cuando se haya hecho toda la caja posible.



