Una fiesta que dejará huella

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Esta noche, el Bernabéu se llenará de estrellas. Las que hay en el campo y las que dibujarán los fuegos artificiales, el We are the Champions, el capote de Raúl Corazón de León y ese Villar que ya asume sin malas caras que el Madrid fue, es y seguirá siendo el rey del fútbol español durante mucho tiempo Me gustaría que el Levante saltase al campo porque así se respetaría la liturgia sagrada de este deporte: jugar para emocionar. Toda España se ha solidarizado con su triste situación y la afición blanca les abrazaría con su solidaridad si irrumpen en el césped sagrado del campeón a las nueve de la noche. El madridismo se pondría en pie y 85.000 personas no se verían privadas de un espectáculo que merece ser visto en televisión por todos los españoles.
Eso agradecería mi pequeño Marcos Santiago y miles de niños que hoy irán al Bernabéu cogidos de las manos de sus padres, ilusionados con ver esa magia llamada fútbol y esa fiesta posterior que los hombres de Schuster se merecen con creces. Los pequeños quieren cantar los goles de Higuaín, Ruud, Raúl y Robinho en una velada que puede ser inolvidable para todos ellos. Pero para eso es necesario que el Levante busque durante noventa minutos la felicidad que le han robado a lo largo de la semana. Los granotas deben abrazarse a la gente y compartir una sonrisa antes de volver a encontrarse con la cruda realidad. Hoy deben ganar todos. El Madrid, el Levante y el fútbol.



