Cuando los nombres ya no importan

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Llegados a este punto a lomos de una agonía tan insoportable, lo de menos es quién juegue en Mallorca. La decisión de Manolo Villanova de sacrificar a Oliveira para reforzar con Gabi el centro del campo es discutible, porque lo único que le vale al equipo es la victoria, y hay que atacar y atacar. Pero a estas alturas es otro debate inútil, como tanto otros en este horrible curso. Lo cierto es que el Zaragoza lo ha probado ya todo esta temporada y el resultado ha sido parecido. En la primera vuelta el rendimiento de los tres mosqueteros fue extraordinario, pero hace ya muchas jornadas que la producción goleadora del Zaragoza no es la de otoño. El equipo ha recuperado el pulso y la capacidad de competir con Villanova, pero ahora le cuesta un mundo hacer un gol. Crea pero no transforma. Diego Milito, por ejemplo, sólo ha cantado un gol en las últimas 16 jornadas y fue de penalti.
El partido de Mallorca es para matar o morir, mucho más que una final, y parece comprensible que el técnico se la juegue con los que ve mejor, o más comprometidos, o más en forma. Las razones pueden ser muchas, incluso equivocadas, pero ya que quedado dicho que a estas alturas todo carece de importancia menos una cosa: salvarse. Salvarse por encima de todo. Juegue quien juegue. Lo haga Gabi o Oliveira. Todo lo anterior ya no importa nada. Se trata sólo de ganar un partido, de ganar un duelo a vida muerte. Que salgan los que le parezca mejor a Manolo Villanova y que ganen.



