Cristina lo pasó mal en Riad
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En noviembre del 97 aterricé en Riad, enviado por AS para cubrir la Copa del Rey Fahd. Allí estaban las mejores selecciones del mundo y el equipo estrella era aquel de Ronaldo, Romario, Denilson, Roberto Carlos y compañía. La atmósfera resultaba futbolera e ideal hasta que apareció el imprevisto que desconcertó a la organización: una compañera del Mundo Deportivo, Cristina Cubero, pretendía realizar las mismas tareas que cualquiera de los hombres periodistas y aquello resultó intolerable para los árabes, estrictos cumplidores de la ley del Corán. Las mujeres están sujetas a unas limitaciones que para quien no es musulmán resultan inexplicables. Pero el peor capítulo para ella, y para nosotros, sucedió en la puerta del maravilloso estadio de Riad, donde la policía religiosa la frenó.
Allí no entraban mujeres. La situación se tornó grotesca, insólita. La prensa internacional reaccionó con amenaza de plante y sólo la mediación directa de Joao Havelange, por entonces presidente de la FIFA, abrió excepcionalmente la mano de la organización. Cristina accedió al estadio tapada casi al completo, pero entró. De pronto, sin esperarlo, la atracción del graderío fue la presencia en la tribuna de prensa de una mujer, una periodista europea. No fue una experiencia agradable, no. Entiendo que el Real Madrid evite un trance similar y no viajen mujeres a Riad. Ellos se lo pierden.



