Ciudad Real, lección de orgullo
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Los equipos campeones no se hacen sólo a base de talonario. Eso no tendría mayor mérito. Los equipos campeones se construyen a base de esfuerzo, de superar situaciones límite, como decía ayer el maestro Juan de Dios Román. Cuanta mayor épica tenga la conquista, mayor es la gloria. Buenos jugadores hacen falta, por supuesto, pero el talento por sí solo no es suficiente para pasar a la historia si no se tiene esa casta que permita afrontar y superar los momentos más críticos y difíciles. El talento y la casta son los que hacen a los equipos imbatibles. Es el caso del Ciudad Real de balonmano. Ayer se enfrentaba a una situación límite. Salía con dos goles de desventaja en un campo donde el Kiel llevaba dos años invicto.
Salir a ganar fue una cuestión de orgullo, no de necesidad. La derrota no empañaría la extraordinaria temporada del Ciudad Real, campeón de la Liga, de la Copa del Rey, de la Copa Asobal y de la Supercopa. El Kiel no deja de ser el actual campeón de Europa y su cancha, un infierno. En Alemania existe una gran cultura por el balonmano y eso se traslada a una pasión desatada entre los aficionados de este deporte. Los de Kiel llevan tres años llenando las 11.200 localidades del Sparkassen Arena. Pues en esas condiciones extremas, el Ciudad Real fue capaz de conquistar la Champions y sumar su quinto título de la temporada. En Ciudad Real se pueden sentir orgullosos de su equipo. No sólo por sus títulos, sino por su carácter.




