¡Viva La Mancha que os parió!

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Un día me preguntó un buen amigo: "¿Qué tiene de especial ser manchego?". La pregunta iba con retranca, porque insinuaba que somos reos de una tierra que no ha dado conquistadores ni científicos ni héroes deportivos. Yo le respondí orgulloso: "Don Quijote nos enseñó el camino y es nuestro referente. No hay gigante que nos arrugue ni Dulcinea que se nos resista. Para nosotros no existe la palabra imposible...". Por eso ayer le fui infiel al Madrid durante dos horas que casi me dejan afónico. Mi admirado Dujsebaev (¡gran vikingo!) dio una lección a los ogros alemanes en su propia guarida, tapando la boca de 11.200 tipos que se bebieron mil barriles de cerveza antes del partidazo convencidos de que la Champions ya estaba en el bote. ¡Ilusos!
Ni las bajas de Chema, Rutenka, Metlicic y Davis diezmaron a un ejército de Quijotes que se agigantaron en torno a Sancho Panza Sterbik, que ayer hubiese detenido el AVE Madrid-Ciudad Real si se lo hubiera propuesto. Qué manera de parar. Perramón ha vuelto. Cuando los árbitros intentaron meter en el partido al arrogante Kiel, mi vena patriótica manchego-española casi estalla a la misma velocidad con la que Stefansson machacaba la portería germana. Mis manchegos (para mí lo son todos nazcan donde nazcan) acabaron con cuatro en la cancha y metiendo un gol para la videoteca. Qué grande es una tierra en la que el queso, el vino sin alardes y la fe nos llenan de argumentos. Pentacampeones. Rey de Reyes. ¡¡¡Viva La Mancha que os parió!!!



