El retorno del Giro

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El ciclismo rueda últimamente al límite de la clandestinidad en nuestro país, de la que sólo se salva el Tour de Francia y, según cuándo, la Vuelta a España. Hace tiempo que el Giro de Italia desapareció de ese primer plano por lo de siempre: falta de un líder carismático, ausencia de una televisión mayoritaria, desconfianza ante el dopaje... La última vez que la Corsa Rosa nos generó expectación fue en 1999, cuando Chava Jiménez iba a comerse a Marco Pantani, aunque al final fue el Giro (y posteriormente la vida) quien se merendó a ambos.
Es una pena que el Giro no haya calado más en el aficionado español. En Italia pegas una palmada y aparece un puerto. A los añejos Gavia o Stelvio se unieron el Mortirolo o la Marmolada en los ochenta, y más recientemente el Plan de Corones o el Zoncolan. Los Dolomitas son incluso más exigentes que los clásicos del Tour. A algunos de estos colosos y a una jauría de italianos se medirá a partir de hoy Alberto Contador. Quizá volvamos a engancharnos. Quizá...



