Hay que abarrotar El Molinón
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Los jugadores se encargan de meter los goles y de evitar los del contrario, pero la grada suele transmitir un calor especial. El Molinón está con ganas de celebrar un ascenso, en el momento más ilusionante de los diez últimos años, en los que el club pasó por las situaciones más rocambolescas, que hasta llegaron a poner en peligro la supervivencia de una entidad centenaria. La trayectoria del equipo de Preciado emana una euforia que puede ser desmedida en algunos sectores de la afición, pero el vestuario tiene la cabeza perfectamente amueblada para administrar la alegría que reparten las victorias. El ascenso tiene siete semanas y media de caducidad, periodo en el que hay que trabajar siete partidos, empezando por la visita del Granada 74.
El conjunto andaluz llega con bajas, con la intención de dar apariencia de víctima en su primera visita a El Molinón, aunque en sus filas cuenta con jugadores expertos y con un estilo de fútbol que complica las cosas a los rojiblancos en su campo. El equipo granadino tiene aspecto de ser de esos que se cierran, renuncian al espectáculo y no dejan jugar al contrario. La presión ambiental puede jugar una baza favorable, con en el famoso 'espíritu de Numancia', del día que Cristian Díaz, entonces rojiblanco, fue expulsado a los tres minutos. La fuerza de El Molinón resultó vital para empujar al equipo, que aquella mañana de 2003 ganó con un gol de Bilic. El sábado, en un horario medio laboral, con el ascenso a mano, hay que llenar El Molinón.




