Yo digo Juanma Trueba

La exigencia de los árbitros

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Osasuna tiene razones para quejarse. El penalti que le pitaron en Mestalla fue inaudito y en estas páginas se describen otras afrentas de distinto orden. Es una vieja realidad que la mayoría de los árbitros favorecen a los equipos grandes, pero lo peor sobreviene cuando ni siquiera disimulan. A este respecto, no creo en las motivaciones maléficas, sino en un peculiar instinto de la supervivencia que se podría traducir en el humano deseo de vivir súper. La primera perversión surge cuando el árbitro y quien le manda sienten que el objetivo no es impartir justicia, sino imponer el orden. Entonces el juez se transforma en policía. Quebrada la correspondencia entre el mérito y la promoción laboral, el dinero es la siguiente perversión.

El Madrid visita Pamplona en estado de sitio, pero se equivocará quien le reclame una victoria limpia. Es Medina Cantalejo quien se debe exigir un partido justo y es el Comité de Árbitros quien se lo debe exigir a él. El domingo el líder hará lo posible por cantar el alirón y Osasuna hará lo imposible por salir del pozo. Sería lamentable que un árbitro se interpusiera en esa batalla tan distinta y tan igual.

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