Yo digo Nika Cuenca

El colofón para un meta sin apellido

Nika Cuenca
Redacción de AS
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Hasta el maldito día de autos en el Ruiz de Lopera no se había conocido un solo enemigo a Armando, un meta singular, sin apellido, pero con una autoridad en sus palabras y movimientos sobre el campo que impone respeto. Ha pasado de admirador a admirado. Lleva el uno de Iribar, ha arrancado aplausos bajo la portería de San Mamés y ahora llega con el Athletic al Bernabéu. Es el colofón individual a una carrera llena de obstáculos, asentada en Cádiz, a mil kilómetros de su madre, su primera pasión en la vida. Armando suple sus defectos con templanza y corazón. Le faltan centímetros, pero vuela para remediarlo. No tiene buen despeje con su pierna derecha, por lo que abre el tobillo para apuntar a la banda. Su gran virtud es el blocaje, una delicia para los tiempos que corren. Verle vibrar en el área, desgañitarse ordenando a la defensa, ya es en sí un espectáculo.

Su triunfo en Bilbao ha llegado desde la modestia. Las cualidades de Aranzubia son muy superiores, pero será Armando quien reciba la oferta de renovación. Consciente de que cuando Iraizoz se restablezca regresará al papel secundario que tan bien ha sabido desempeñar durante dos décadas de trayectoria, disfruta de cada segundo como si fuese el último. No lee los periódicos, aunque supongo que tendrá guardados casi todos. De su cuento de Navidad sólo le quedará una marca, en su ojo derecho. Se lleva hasta una foto con sus dos hijos, que no van para porteros, en La Catedral antes del 5-1 al Valencia.

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