Cuando fuimos los mejores

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La desangelada segunda vuelta del equipo tras un inicio de ensueño puede acarrear consecuencias poco deseables. Para empezar, el club puede lanzar a la basura todas las cuentas que se hicieron sobre los astronómicos ingresos que iba a reportar la Champions, con sólo participar en la liguilla. Y los aficionados, que han olvidado sus sueños húmedos, como ver a Tamudo marcando en Old Trafford. Pero el mayor lastre es el meramente deportivo y lo que de ello se deriva: tras ganar una Copa y casi saborear una UEFA, es lícito que algunos jugadores crean que ya han tocado techo en Montjuïc, algo que sólo habría impedido una Champions que todo profesional anhela jugar.
Este tal vez es el caso de Zabaleta. Es uno de los más queridos, se deja la piel en cada partido y fue el primero de la plantilla en apuntar a la Champions. Pero el sueño se quebró, al tiempo que su juego se revalorizaba a cada partido, como ante el Mallorca o el sábado en el Camp Nou. ¿Cómo no comprenderle si es verdad que un grande viene a por él? ¿Con qué argumentos retenerle, después de darlo todo aquí? Sólo cabría un pero: que no fuera un grande... o que fuera el Barça.



