Schuster, la sonrisa de un líder

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Justo hace un año, Schuster era el hombre más feliz del planeta. Su Getafe había aplastado al Barça en las semifinales de Copa (4-0, ¡qué noche la de aquel día!), en Liga iba lanzado hacia los puestos UEFA y en privado brindaba con sus amigos tras haber cerrado secretamente con Calderón su compromiso para entrenar al Madrid, el gran sueño para cualquier técnico que se precie. Esta temporada empezó su aventura manteniendo ese nirvana emocional por su atractivo reto, pero los malos resultados de inicio de 2008, el pobre juego de las salidas a los campos de Betis y Deportivo, y la bronca de la sala de prensa del Nuevo Colombino le metieron en una burbuja que le alejó de todos: club, jugadores, periodistas y aficionados.
Pero Bernardo es buena gente y como buen alemán-andaluz ha aprendido a mejorar su puesta en escena por el bien propio y el del Madrid, cuya imagen es su mayor patrimonio. Schuster ha recuperado la sonrisa, vuelve a estar coloquial con sus chicos y bromea con su presidente cuando se ven las caras. Me cuentan que hubo dos comidas, una en Marbella y otra en el restaurante Puerta 57 del Bernabéu, en las que ambos sellaron el actual estado de felicidad. Schuster es un entrenador joven, válido y con buenas ideas. Cuidémosle. Primer año, una Liga. Como los buenos vinos, su aroma mejorará con el paso del tiempo



