La aleta no es el secreto del R28
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Bromeaba mi amigo Sergio en Montmeló: "Sólo falta que a Alonso, sus ingenieros le den una aleta para que la sujete con los dientes". La gente observaba la audacia de los proyectistas: aletas, aberturas, soportes. La exasperación técnica ha llegado a tales extremos en la F-1, que hasta los más neófitos ven que algunas novedades se ponen en los coches sin tener ni idea de cómo van a funcionar. Mejor ni pensar que esta gente hace trabajar 24 horas sobre 24 sus túneles de viento. Mi amigo siguió con sus reflexiones: "El Honda me parece un kart. El McLaren, un violín afinado. El Renault se mueve mucho". Alonso, con el cuchillo entre los dientes, se aferraba al volante para frenar al embravecido R28.
Mientras, el asturiano evaluaba sus múltiples alerones, al margen de esa enorme aleta que ni a Colin Chapman se le hubiese ocurrido poner. En 1978, Chapman hizo creer a todos que el Lotus 79 iba bien por un diferencial nuevo, cuando la verdad estaba en la aerodinámica oculta. No vaya a ser que los progresos del R28 sean, en lugar de por sus llamativos alerones, por algo que no vemos. Es decir, por un amortiguador que los demás ya tienen hace tiempo.




