Lissavetzky lo ha bordado
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Jaime Lissavetzky seguirá cuatro años más al frente del deporte español. Una buena noticia. Sus cuatro años de gestión han sido eficaces y no precisamente fáciles. Eficaces, porque la Ley Antidopaje que sacó adelante nos sitúa en vanguardia de los países que con mayor rigor persiguen el dopaje. Una ley, por cierto, aprobada prácticamente por la totalidad de las fuerzas políticas. Con su aprobación firmó el mayor compromiso que adquirió cuando accedió al cargo de secretario de Estado para el Deporte: tolerancia cero con el dopaje. Y su gestión no resultó precisamente fácil, porque a raíz de la Operación Puerto le buscaron las cosquillas. Su habilidad consiguió que al final hasta sus enemigos se convirtieran en aliados.
Es lo que se espera de un político: soluciones a los problemas. Lissavetzky ha demostrado ser un buen político y esto es lo mejor que puede suceder en nuestro deporte: que al frente esté una persona capaz y entusiasta. Con él, todos los deportes han conseguido éxitos insospechados. Algunos, alejados de su poder de influencia, como puedan ser los de Alonso, pero en otros ha contribuido con su apoyo a las Federaciones y que nos ha llevado, por ejemplo, a ganar los Mundiales de baloncesto y balonmano, dos veces el Tour o a conseguir un desarrollo en nuestra natación inimaginable. Y esto no ha hecho más que empezar. El programa de tecnificación que ha puesto en marcha en el CSD aún sacará lo mejor de nuestro deporte.




