Laudrup y su fidelidad al tiqui-taca
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Una fuerza superior impulsó al Getafe. Un fenómeno paranormal hirvió la sangre de un equipo inyectado de entusiasmo y rabia. Laudrup, pongámonos en pie, dio una lección de táctica y estrategia a Hitzfeld, que se llevó el botín inmerecidamente. Noche mágica de fútbol, perfecta jugador por jugador, ejemplar de arrojo, bíblica en la astucia de unos jugadores anónimos en Europa exactamente hasta ayer. Hoy son más famosos que Alonso, que Nadal, que Casillas. Lástima que el Bayern sea siempre así. Que siempre se lleve el gato al agua. Y siempre tan frustrante para nuestro fútbol. El Geta superó casi todos los inconvenientes del mundo. La expulsión, la dureza alemana, el gol en el penúltimo minuto. Nada les arrugó, nada. Al contrario, desde su fidelidad al tiqui-taca, jugando como los ángeles, fueron siempre por delante en el marcador hasta la exhibición en los cinco minutos iniciales de una prórroga que ya quedará en la historia para enmarcar.
Qué pena, qué dramático error del Pato que hizo llorar a toda España. Pero, de todas formas, viva Laudrup, sí señor. Y viva Luis Milla, su ayudante y consejero en el equipo azulón. Viva la apuesta por el fútbol al pie, inteligente, rodado y ambicioso. Getafe es grande también cuando llega la derrota y tiene el premio del aplauso para siempre. Ahora va a por la Copa del Rey. Dentro de una semana tendrá la ocasión de resarcirse de una noche que iba para inolvidable y que acabó en tragedia. Qué pena.



