No soporto al Bayern...

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Llevo 42 años y 334 días sintiéndome blanco hasta en la tela de mis calcetines. Pero anoche me atacó un sentimiento desconocido para mí hasta la fecha. Un torrente de sangre azul, una locura desatada en torno a un puñado de héroes (incluyo a Sir Michael Laudrup), un tsunami de honestidad imposible de calificar para un mortal que dejó los dientes de leche ganando Copas de Europa, Ligas e Intercontinentales. El Bayern siempre aparece para destrozar nuestros sueños, es un equipo burdo, absurdo, diseñado sólo para hacer daño, para aliarse con el lado oscuro del fútbol. Si yo fuera hincha del Bayern me negaría a animar a los suyos en las semifinales con el Zenit. Porque la grandeza se conquista, no se impone. El Getafe puso anoche en pie al Rey, al Príncipe, a los vasallos, a los abuelos, a los niños, a mi Iker, a mi Raúl
Pero Pato (un apodo que ahora entiendo) dio vida a los difuntos teutones con dos 'patochadas' absurdas. Jamás olvidaré esos 115 minutos de fantasías animadas por los bemoles de Contra, el arte incontenible de Casquero, la jerarquía de Belenguer Ni la expulsión de De la Red nada más arrancar la batalla ni la lesión de Uche arrugaron a este equipo de Braveheart. La derrota duele por ser tan cruel, pero la herida está cicatrizada desde el pitido final. Jamás sentí más orgullo en la derrota, más pasión en el dolor. Mi Madrid, el que narraba Camacho como nadie en Antena 3, creció así. Y siempre con ese maldito Bayern por medio



