Yo digo Juanma Trueba

Son dos mundos paralelos

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Se dice, demasiadas veces como un reproche, que el Bernabéu se parece a la ópera, porque el público asiste en silencio al espectáculo y es tan propicio a la ovación como al abucheo. Con el vano propósito de cambiar la naturaleza de esos espectadores (que vieron a Di Stéfano o han heredado la sensación) se contrató a un estruendoso speaker que un día acabará pulsando, resignado, el interruptor que anuncia el inicio de la representación. Alguien dijo que la ópera es cuando han apuñalado a un hombre y en lugar de sangrar, canta. Y también encaja el Madrid en esa definición, porque la épica del equipo nace del sufrimiento de las remontadas europeas, cuando en lugar de morir, el equipo canta. Así que no es raro que Plácido Domingo interpretara el himno del Centenario o que José Antonio Moreno quiera grabar una versión lírica de las mocitas madrileñas. El mundo de la ópera encuentra en el Madrid un escenario familiar. Allí jugó el Caruso del fútbol, de nombre Alfredo, y allí el público sólo entiende un grito: el do de pecho.

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