Yo digo Pedro P. San Martín

Ramos debería aprenderse la frontera del reglamento

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Sergio Ramos pertenece a la especie en extinción del futbolista de raza. Un jugador bravísimo y generoso hasta el límite de su esfuerzo. Tiene la cualidad, además, de readaptarse para apagar fuegos donde le reclamen. La naturaleza le ha dado un cúmulo de virtudes físicas que son la raíz de su éxito en el fútbol, aunque con el tiempo está ganando muchos puntos en el aspecto técnico, lo que termina de rendondearle como un pelotero de elite, de rango superior en el escalafón. Ahora bien, esta combinación de virtudes hay que explotarlas con inteligencia, y en este aspecto no es Ramos el más listo de la clase o no está bien aconsejado. Ramos debería estudiar su propio caso.

No es de recibo que el Madrid se mueva en el riesgo de acabar con diez por su falta de mesura. Es posible que los árbitros le tengan fichado ante sus reincidencias y sea víctima de una predisposición a la roja. Puede ser verdad. Pero precisamente esta razón le obliga a calibrar su modo de acción, a no coquetear con las amonestaciones. Ramos tiene que saber dónde jugársela, porque sus imprudencias dejan al Madrid al borde del precipicio y no se le puede consentir. No vale, tampoco, andar de maltratado por la vida. No es excusa ni para Ramos ni para el Madrid. No sirve como coartada de futuro. Peor aún, alardear de sentirse perseguido empeoraría su cartel. Un portento físico como Ramos está obligado a conocer la frontera del reglamento sin meterse en charcos con los árbitros. Ramos juega de maravilla con las piernas y el corazón. Le conviene utilizar también la cabeza. Es una urgente necesidad.

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